LABERINTOS DE KATARRI Y ARNO
En los laberintos verdes de Entzia y Arno, donde la niebla habla bajito y las raíces recuerdan nombres antiguos, vivía una chica llamada Lur.
No era bruja por título.
Lo era por memoria.
Sabía cuándo llovería porque la tierra se lo susurraba.
Sabía qué hojas curaban porque las había escuchado crecer.
Sabía callar, y en su silencio el bosque respiraba tranquilo.
Dormía sobre musgo.
Despertaba con pájaros.
Y caminaba descalza para no olvidar quién la sostenía.
Dicen que quien se perdía en los laberintos la encontraba solo si estaba listo para encontrarse a sí mismo.
Lur no lanzaba hechizos.
Despertaba verdades.
Y cuando alguien le preguntó una vez si era humana o bruja, ella sonrió:
—Soy tierra recordándose a sí misma.
Desde entonces, en Entzia y Arno, cada brote nuevo lleva un poco de su nombre.
